Amor que duele, no es amor

Por:: María  Canales  
acanales@psicopotenciar.org.pe

 


Muchas interrogantes surgen con respecto a lo que es el amor, tan es así que, a diario se habla, escucha y ve sobre lo que éste representa, ya sea en los medios de comunicación, al entablar una conversación, o incluso al leer un libro, pero pese a todo ello, el amor es uno de los fenómenos más difíciles de definir. Este artículo lo aborda en su forma más romántica, y con ello pretende brindar una visión más amplia del mismo, así como cuestionar y desmontar algunos mitos alrededor de este.
El amor es un fenómeno difícil de definir, ya que es una experiencia totalmente subjetiva y dinámica (NOWNESS, 2020). Es decir, el amor es un sentimiento experimentado a nivel global, sin embargo, las expresiones que se desprenden del mismo se van modificando, ya que están directamente relacionadas con la cultura y la época histórica a la que corresponden (Karandashev, 2015).
García Andrade (2014) afirma que el amor es una construcción social e histórica, ya que como se ha mencionado, el amor está en función de las creencias, tradiciones, costumbres, ideales y normas que cada sociedad tiene. Por otra parte, Schäfer (2008) refiere al amor como un fenómeno multidimensional, es decir, conformado por distintas variables, desde las emociones, el afecto, el discurso, la ideología, la sociedad y la cultura.
Sin embargo, lo que atañe a este artículo es el amor romántico, el cual se define como un modelo occidental que ha establecido lo que significa enamorarse, lo que debe sentirse, con quién, en qué momento y de qué manera (Fundación Mujeres, 1993).
Tan es así, que desde niñas idealizamos que nuestro príncipe azul llegue a rescatarnos y protegernos; por otro lado, los niños a una princesa que se entregue incondicionalmente a ellos. Este modelo, ha sido constantemente reproducido a través de los medios de comunicación, ya sea en películas, comerciales, series e imágenes que sin darnos cuenta se han insertado en nuestros ideales y comportamientos (Bosch et al., 2013).

 


Amor romántico a lo largo de la historia

Podríamos pensar que este concepto es relativamente nuevo, pero el amor romántico tiene raíces muy profundas, desde el amor cortés hasta el amor burgués, siendo este primero en el que el caballero demostraba su valentía con actos heroicos (Lagarde, 2001), mientras que la dama era aquella mujer dotada de fragilidad, digna de ser protegida y rescatada (Herrera, 2007).
Por otra parte, está el amor burgués, que data de los siglos XIV, XV y XVI, en donde el amor y el matrimonio llegaron a consolidarse como un binomio perfecto, incorporando con ello la heterosexualidad como norma y relegando a las mujeres a la dependencia de su marido, así como a la pérdida de decisión sobre su cuerpo y su vida (Lagarde, 2001).
Es así, que se destina a las mujeres a ser esposas y madres que obedezcan, a que se conserven puras, religiosas y permanezcan en el ámbito privado, es decir, en el hogar. Mientras que a los hombres se les destina al ámbito público (Viveros, 2010).
Anteriormente una de las prácticas más comunes con respecto al matrimonio era el trueque, donde básicamente se compraba a la esposa mediante la entrega de propiedades o ganado, actividad bastante denigrante, puesto que se trataba a la mujer como a cualquier objeto que podía comercializarse, en ese entonces las personas no solían casarse por amor, ya que se creía que éste venía después de la unión conyugal (Sangrador, 1993). En resumen, todo ello dio la pauta para la manera en la que se concibe y vive hoy en día el amor.

Mitos del amor romántico


Los mitos del amor romántico son aquellas creencias que se tienen en sociedad con respecto a lo que es el amor (Sánchez, 2013; Ferrer et al., 2010; Caro, 2008), algunos de ellos son los siguientes:
Mito de la media naranja: Se cree que estamos en búsqueda o espera de nuestra otra mitad, es decir, que tenemos a alguien predestinado a pasar su vida a nuestro lado. Sin embargo, este mito introduce la idea de que llegamos al mundo incompletos, que no somos suficientes y que necesitamos a alguien para alcanzar un estado de plenitud (Guardo, 2012).
Mito del príncipe azul: Este es uno de los mitos más incorporados en la infancia debido a su relación con cuentos y películas, en las que se muestra al príncipe azul que llega a rescatar a una frágil e indefensa doncella, la cual necesita protección. Todo ello desemboca en el refuerzo de los estereotipos de género, es decir, se relaciona a los hombres con roles de protección y poder, mientras que a las mujeres se les asocia a roles de sumisión y dependencia (Guardo, 2012).
Mito del emparejamiento o de la pareja: Es la creencia de que la heterosexualidad está dentro de la normalidad y dentro de lo natural. Con ello, se deja fuera otras identidades, orientaciones y maneras de vivir, además de que origina comportamientos discriminatorios y violentos (Guardo, 2012).
Mito de los celos: Se implanta la creencia de que los celos están directamente relacionados con el amor, ya que son una señal de ser importante para el otro, mientras que la ausencia de ellos refleja la falta de amor o importancia. Sin embargo, si analizamos este mito nos daremos cuenta de que es la normalización de la violencia, de comportamientos egoístas, represivos y posesivos (Guardo, 2012).
Mito de la omnipotencia o creencia en que “el amor lo puede todo”: Esta es una de las ideas más vendidas a lo largo de la historia, la cual ha implantado la noción de que el amor es capaz de soportar y superar cualquier dificultad. Sin embargo, este mito ha sido perpetuador de distintos comportamientos violentos en pareja, ya que de acuerdo a este ideal, si el amor es verdadero permanecerá pese a cualquier circunstancia, esto lleva a justificar y soportar la violencia en todas sus formas (Fumero, 2014).
Mito de la pasión eterna: Se cree que el amor y la pasión no tienen fin, como consecuencia, esto lleva a permanecer en relaciones en las que ya no se desea estar, parte de ello ha sido la famosa frase “hasta que la muerte los separe” (Guardo, 2012).

Si leemos entre líneas identificaremos los tintes de violencia, discriminación y desigualdad que contienen cada uno de estos mitos. Todos ellos se reproducen a través del discurso, como: “mi vida eres tú”, “el amor lo perdona todo”, “soy tuya/o“, “sin ti no soy nada”, “el que bien te quiere te hará llorar”, “amar es sufrir” o “el amor duele”.
Sumado a ello, uno de los aspectos que hemos interiorizado desde nuestra infancia es el concepto de belleza, todo esto ha sido resultado de los libros, las películas y las revistas que hemos leído y visto, por mencionar algunos. Podríamos recordar aquellos personajes como las princesas y los príncipes que tenían características que les hacían ser definidos como bellas o bellos, el resultado de esto es el prototipo de mujer alta, delgada, piernas largas, piel clara, ojos azules y rubia; por otra parte, todo ello nos llevó a incorporar aquellas características no deseables en un objeto amoroso, como los villanos o brujas que difícilmente queríamos ser (Dion, Berscheid y Walster, 1972).
Si reflexionamos al respecto nos daremos cuenta de que todo ello nos lleva a un estado de idealización del otro, y cuando éste no es alcanzado experimentamos un estado de frustración con nosotros mismos o con los demás, ya sea porque nuestro yo real es muy distinto a nuestro yo ideal o porque nuestra pareja no se parece en nada a los modelos que hemos incorporado en nuestro inconsciente.

El origen del amor romántico

El amor romántico tiene sus orígenes en la estructura patriarcal, la cual ha sido perpetuadora de desigualdades a lo largo del tiempo, ya que ésta tiene su fundamento en relaciones de poder y jerarquía, las cuales corresponden al sistema sexo genérico, en donde impera el dominio de los hombres y en el que las mujeres quedan relegadas a un estado de subordinación (Silva, 2012).
En consecuencia, este tipo de amor es un modelo de desigualdad, ya que está integrado por roles y estereotipos de género, en donde uno de ellos se ve más favorecido que el otro. Promoviendo así, la negación o rechazo total del afecto en los hombres, ya que a lo largo de la historia ha sido considerado algo meramente femenino. Mientras que, a las mujeres se les ha dotado socialmente de habilidades para las tareas de cuidado, entrega y sacrificio a su familia. Siendo esta última, una de las más alabadas socialmente, sin embargo, una de las más peligrosas, puesto que corresponde a un acto de negación de sí misma.

Los estragos de un amor romantizado

En pocas palabras, los mitos que se desprenden del amor romántico son nada más y nada menos que una construcción social, éstos son atravesados por la cultura y época histórica a la que corresponden, además de ser originados y reproducidos a través de los medios de comunicación o el discurso, estableciendo con ello un modelo que es interiorizado en el ser humano, casi de manera automática, y es justamente por ello que son tan imperceptibles, propiciando así, un conjunto de creencias y conductas de dependencia, frustración e idealización del otro (Yela, 2000).
La concepción que se tiene de amor es más dañina de lo que imaginamos, ya que es la originadora de una serie de comportamientos de violencia y sometimiento (Fernández & Gómez, 2016). Bosch (2013), resalta que el modelo que se nos presenta de amor desencadena la normalización y justificación de comportamientos que están muy fuera de serlo, pero que se asocian deliberadamente con lo que es el amor. Por otra parte, sostiene que dicho modelo es imposible de seguir tal como se nos muestra en pantallas, por lo que desemboca en frustración, puesto que es inalcanzable.
Por lo tanto, podríamos decir que el amor que conocemos es un amor insano, egoísta, exigente de renunciar al yo, obsesivo, irracional, celoso e incluso adictivo (Yela, citado en Caro, 2015).

Con todo lo dicho, podemos concluir que a simple vista pareciera que el amor es el motor que impulsa los comportamientos más altruistas, bondadosos y solidarios, sin embargo, al ser más conscientes sobre lo que el amor se ha convertido hoy en día, diríamos que es también bajo su nombre que se cometen un sin fin de actos dañinos, violentos, perpetuadores de estereotipos y roles de género que devienen de un sistema de desigualdad y poder.
A través de estas líneas se ha pretendido llevarte a una amplia reflexión con respecto a los modelos de amor y belleza que hemos adquirido con el paso del tiempo, aquellos que se han originado y reproducido constantemente en industrias cinematográficas, televisoras y editoriales. Nos gustaría que como resultado de dicha reflexión pudiéramos comenzar a modificar nuestros discursos, cuestionar los mitos del amor romántico y desmontarlos, no quedándonos sólo en el nivel intelectual, sino llevándolo a nuestra propia conducta y manera de vivir.

 

Referencias:

    • Bosch, E., Ferrer, V. A., Ferreiro, V., & Navarro, C. (2013). La violencia contra las mujeres. El amor como coartada. Anthropos.

    • Caro C. (2015). Formación en género y detección precoz de la violencia contra las mujeres a partir de las creencias sobre el amor romántico [Tesis Doctoral, Universidad de Sevilla]. Depósito de Investigación Universidad Sevilla
    • Caro, C. (2008). Un amor a tu medida. Estereotipos y violencia en las relaciones amorosas. Revista de Estudios de Juventud, 83, 213-228.
    • Dion, K. L. Berscheid, E. y Walster E. H. (1972). What is beautiful is good. Of Personality and Social Psychology, 24, 285-290.
    • Fernández, D. y Gómez, Á. (2016). Del príncipe azul al exitoso millonario: Cincuenta sombras de Grey. Revista Estudos Feministas, 24(1), 331-350.
    • Ferrer, V. A., Bosch, E., & Navarro, C. (2010). Los mitos románticos en España. Boletín de Psicología, 99, 7-31.
    • Fumero, K. (24 de noviembre de 2014). La realidad romántica en el aula: primeros pasos hacia la violencia machista. Ponencia presentada en el día internacional para la eliminación de la violencia hacia las mujeres. Gobierno de Canarias. Instituto Canario de Igualdad.
    • Fundación mujeres. (1993). Mitos del amor romántico y prevención de la violencia de género. Coeducación y mitos del amor romántico, 93, 8-12.
    • García-Andrade, A. (2014). Dibujando los contornos del amor. Cuatro regiones científicas. En A. García-Andrade & O. Sabido Ramos (Eds.), Cuerpo y afectividad en la sociedad contemporánea (pp. 81-129). Universidad Autónoma Metropolitana-Azcapotzalco.
    • Guardo, L. (2012). Percepción de las relaciones de género entre adolescentes: transmisión de estereotipos y mitos de amor. [Tesis de Maestría, Universidad de Salamanca]. Repositorio documental Gredos.
    • Herrera, C. (2007). Los Mitos del Amor Romántico en la Cultura Occidental. El Rincón de Haika.
    • Karandashev, V. (2015). A Cultural Perspective on Romantic Love. Online Readings in Psychology and Culture, 5 (4), 1-20.
    • Lagarde, M. (2001). Claves feministas para la negociación del amor. Puntos de Encuentro.
    • NOWNESS. (2020, 10 de febrero). Romantic advice from French philosopher Alan Badiou . YouTube. https://www.youtube.com/watch?v=CytC6A-K8c4&t=16s
    • Sánchez, N. (2013). Amor, dones y deudas. El amor como práctica hegemónica para la subordinación de las mujeres en las sociedades contemporáneas. Educación y Humanismo, 15(24), 78-92.
    • Sangrador, J.L. (1993). Consideraciones psicosociales sobre el amor romántico. Psicothema, 5(1), 181-196.
    • Schäfer, Gabriele (2008). Romantic Love in Heterosexual Relationships: Women’s Experiences. Journal of Social Sciences, 16(3), 187-197.
    • Silva, T. (2012). Hacia la superación de las desigualdades de género entre las y los adolescentes: proceso de toma de conciencia. [Tesis de Doctoral, Universidad de Valencia]. Recuperada de: http://roderic.uv.es/bitstream/handle/10550/25766/Tesis_Telma_Low.pdf?sequence=1
    • Viveros, E. (2010). Roles, patriarcado y dinámica interna familiar: reflexiones útiles para Latinoamérica. Revista Virtual Universidad Católica del Norte, (31), 388-406.
    • Yela, C. (2000). El amor desde la psicología social: ni tan libres, ni tan racionales. Ediciones Pirámide.
    • Yela, C. (2003). La otra cara del amor: mitos, paradojas y problemas. Encuentros con la Psicología Social, 1(2), 263-267.