Los padres y su influencia en el desarrollo del niño

Por: Larissa Amaya

. Lamaya@psicopotenciar.org.pe

 

LOS PADRES Y SU INFLUENCIA EN EL DESARROLLO DEL NIÑO


El proceso de desarrollo mental del niño se ve facilitado, en gran medida, con la
aparición del lenguaje, con lo que sus conductas resultan profundamente modificadas,
tanto en el aspecto intelectual como afectivo. Además, el niño adquiere, gracias al
lenguaje, la capacidad de reconstruir sus acciones pasadas en forma de relatos y de
anticipar sus acciones futuras mediante la representación verbal (Piaget, 1954); es decir,
el infante logra contar lo que le ocurrió en el pasado por medio de una narración verbal
y consigue decir lo que hará en un futuro a través de palabras de forma detallada.
El hogar viene a ser el pequeño mundo íntimo del niño, donde los padres lo inician en
las primeras experiencias de comunicación y socialización, las que tendrán una
trascendencia en su adaptación futura al medio.
En primer lugar, cabe señalar que en la actualidad los expertos están llegando al
convencimiento generalizado de que la mejor inversión económica, social y humana
más rentable en el plano educativo para cualquier país, ciudad, comunidad o familia, es
invertir en los primeros años de vida del niño, impulsando rápidamente el desarrollo de
todas sus potencialidades: motoras, intelectuales, sociales, afectivas, y otras (Castañeda,
s.f.).
Dicha estimulación debe realizarse aprovechando ese crecimiento asombroso y
espectacular que tiene el cerebro del niño durante los 3 o 4 primeros años de vida,
tiempo en el que vive y se relaciona básicamente con su familia, en la cual los padres,
fundamentalmente la madre, desempeñan un rol importantísimo.
Por eso, es necesario que los padres tengan una idea clara sobre sus funciones como los
primeros protagonistas de la educación y formación de su niño. A ellos les corresponde
promover el logro de un mayor y pronto desarrollo de las potencialidades del infante
desde el primer día de su vida. Para esto conviene saber cómo el niño procesa toda la
inmensa, variada y continua información que comienza a percibir por sus sentidos, para
que en función de tal conocimiento se pongan los medios que le permitan obtener una
información variada, rica y apropiada a su desarrollo progresivo.
Cabe igualmente reiterar que el cerebro del niño es bastante activo desde el momento
que nace y, por tanto, va captando e integrando toda información proveniente de su
entorno más cercano.

Desde el momento en que la madre toma en sus brazos el cuerpecito de su bebé y le
mira, habla, acaricia, besa, acuna, lo baña o le canta, le está procurando todo tipo de
incentivos que activarán sus sentidos, los mismos que ya son ordenados y organizados
por su cerebro, hasta el punto de lograr identificar a su madre por las formas de cogerlo
en sus brazos, por su voz, por sus caricias y, naturalmente, por la visión de su rostro.
Igualmente, estudios referentes al lenguaje humano han venido demostrando que desde
los primeros días del nacimiento, el bebé ya es particularmente sensible al lenguaje de
sus semejantes (Castañeda, s.f.). Einsenberg (1979) señala que los sonidos de los
objetos, en distintos tonos, provocan en el bebé un aumento de su ritmo cardíaco y
respuestas motoras gruesas, las cuales involucran movimientos de los músculos grandes
de los brazos, las piernas y el torso. En contraste, las palabras humanas producen
disminución de los latidos del corazón y respuestas motoras finas, las cuales implican la
habilidad de hacer movimientos usando músculos pequeños de las manos, muñecas y
dedos. No importa que las palabras sean de hombre, de mujer o de niño; tampoco
importa el idioma, pues el solo hecho de ser palabras emitidas por voces humanas
producen el efecto indicado.
Frente a esas voces, obviamente la de la madre tiene para el niño un efecto y una
significación afectiva mucho más importante, ya que su voz y sus palabras son
reconfortantes, tranquilizadoras y equilibradoras. Es ante su voz y su rostro que el
recién nacido va aprendiendo a sonreír, sentirse seguro y protegido.
Los besos, caricias, contacto de piel, miradas, sonrisas y gestos diversos de la madre
involucran un ambiente adecuado para el desarrollo del lenguaje y la comunicación del
bebé, un entorno estimular generador de un mayor desarrollo neurológico, afectivo e
intelectual.
Es importante la estimulación que los padres deben ejercer en el desarrollo del niño
desde su temprana infancia, aprovechando precisamente su naturaleza dúctil y gran
plasticidad cerebral que se da antes de su quinto cumpleaños.


ALGUNOS ASPECTOS IMPORTANTES QUE LOS PADRES DEBEN TOMAR
EN CUENTA EN EL DESARROLLO DEL NIÑO


Según Castañeda (s.f.), es recomendable que los padres, especialmente la madre, tengan
en cuenta los siguientes aspectos en el proceso del desarrollo del niño:

1. Antes de los 3 o 4 años de vida el niño tiene la máxima plasticidad cerebral y la
mayor capacidad y apertura para el aprendizaje, la cual debe aprovecharse para
estimularlo desde el momento que nace.
2. Las limitaciones y carencias producidas durante los primeros años son difíciles
de recuperar a medida que aumenta la edad del niño. Esto ocurre con el lenguaje,
cuya adquisición rápida y óptima se da durante los primeros 3 o 4 años de edad;
pero pasado ese tiempo ya es difícil recuperar y compensar determinados déficit
en esta cualidad.
3. La comunicación con el bebé durante los primeros meses de vida es casi
exclusivamente afectiva. Aquí la madre hará mucho bien a su niño si intensifica
sus caricias, besos, sonrisas, contactos de piel, miradas y palabras de amor.
Asimismo, debe aprovechar las primeras expresiones de necesidad de contacto
humano del niño, que son precursoras de su futura relación e integración social,
procurando establecer con él todo tipo de vínculos, que, de hecho, servirán para
estimular su naciente aptitud social y su apertura al mundo de la comunicación.
4. La voz humana, en especial la de la madre, es un sonido agradable y
tranquilizador para el niño. De allí que todos los contactos con el niño deben
estar siempre acompañados con palabras afectuosas y reconfortantes, lo cual va
a constituir el “caldo de cultivo” para la adquisición y desarrollo del habla.
5. Las miradas, sonrisas, caricias, estímulos y el habla dirigida al niño constituyen
los elementos básicos que facilitan y consolidan el desarrollo integral del niño y
de su lenguaje.
6. Desde los primeros días que siguen al nacimiento, el niño recibe información
por todos sus sentidos. Por eso, es bueno promover un ambiente variado y rico
de estimulación (incentivos) para activar y perfeccionar sus sentidos de la vista,
el oído y el tacto.
7. La inteligencia en el niño se genera e incrementa a partir del movimiento o la
acción. Estimulando el movimiento coordinado de su cuerpo, poniendo a su
alcance diferentes objetos para que los manipule, toque, succione y
descomponga en sus partes, se propicia su desarrollo intelectual. Igualmente,
para el niño el ver, escuchar, repetir, tocar, integrar, expresar y representar son
acciones fundamentales para el aprendizaje eficaz y, por tanto, para el desarrollo
eficiente y extraordinario de su inteligencia.

8. Las repeticiones de las acciones son el primer paso hacia el aprendizaje en el ser
humano desde que nace y a lo largo de toda su vida. Por eso se debe propiciar
que los niños repitan las acciones que les son agradables e interesantes, tanto
sobre su propio cuerpo como sobre otras cosas. Esto hace que logre asimilar y al
mismo tiempo reconocer y discriminar sus acciones de otras.
9. Es de capital importancia que el niño se sienta seguro desde el nacimiento. La
ausencia maternal prolongada, el descuido en el horario de sus alimentos, la falta
de cuidados necesarios, el despertarlo a gritos o de un portazo, las discusiones
acaloradas ante la presencia del niño, etc., son situaciones negativas que van
creando en el bebé un estado de inseguridad, sentando las bases de una
personalidad nerviosa, insegura, desajustada y desequilibrada.
Por eso, los padres especialmente la madre, deben evitar coger al bebe, amamantarlo,
mirarlo, etc., cuando están bajo los efectos de la ira, del mal humor, del despecho o
cualquier otro tipo de conducta alterada, pues durante los primeros meses de vida el
bebé debe recibir amor, ternura y paz (Casteñada, s.f.).
Por tanto, si los padres toman en cuenta estas sugerencias, tendrán la posibilidad de
estimular mejor a su niño, propiciando que en el futuro sea una persona madura y bien
integrada socialmente, proceso en el que el lenguaje verbal o habla desempeña un papel
importante (Casteñada, s.f.).
Finalmente, cabe señalar que a pesar de la información brindada anteriormente, cada
niño o niña aprende a su propio ritmo. Por ello, no es una regla seguir al pie de la letra
las recomendaciones. Asimismo, si es que al seguir dichos consejos, no se evidencia un
avance notable, no es motivo de alarma o preocupación, ya que el desarrollo de cada
persona es independiente.

Referencias:

    • Castañeda, P. (s.f.). El lenguaje verbal del niño : ¿Cómo estimular, corregir y ayudar
      para que aprenda a hablar bien?. Biblioteca Digital Andina.

    • Einsenson, J. & Ogilvie, M. (1971). Speech correction in the schools. Ed. MacMillan. 

    • Piaget, J. (1964). El lenguaje y el pensamiento. Ed. Paidos.